Ayer mi profesor de doblaje, Salvador Aldeguer (más conocido como Paxi), me dijo: "Eres... muy buena". Parecerá una tontería, pero en ese momento me sentía como si nadie más estuviese en la clase. Es una sensación que no consigo describir. Se lo he contado a todo el mundo, bueno, en realidad, escribiéndolo aquí, literalmente a todo el mundo jajaja. No, en serio. A cada familiar, amigo o compañero que veo le he hecho una pequeña interpretación de la escena, hasta el más mínimo detalle. Para mí es algo más que un cumplido, y supongo que habrá gente que entienda este sentimiento.
Ahora, empecemos desde el principio. Llevo menos de un año estudiando doblaje y se dan 2 horas y media a la semana de clase. Hace muchos años que tengo curiosidad por esta profesión, pero nunca me atreví a dar el paso, ni siquiera a informarme de cómo se podría uno convertir en actor de doblaje o doblador. Los típicos juegos de niños de hacer los personajes de tu película de "dibus" favorita al mismo tiempo que la ves, poniendo tu voz por encima de las suyas (porque ya son muchas veces las que la has visto y te aprendes el diálogo sin darte cuenta) o utilizar la grabadora de tu padre para grabar con tu hermano un "programa de radio" de burlas continuas a spots publicitarios, famosos y personajes de TV, o haciendo entrevistas "chorra" a tus primos, o incluso grabando efectos de sonido, tales como pedos, eructos, animales... En fin, toda esta clase de "tonterías" hacía cuando era pequeña. Y esto era solo el principio.
El año pasado, viendo que los años se me echaban encima, que no encontraba mi vocación, que renuncié con 18 años a estudiar artes plásticas por razones que ahora no vienen al caso, me decidí a dar el paso y estudiar "Doblaje y locución".
El primer paso era ver si me gustaba o si se me "daba bien". Fue entonces cuando se me abrieron las puertas del cielo al ver un curso intensivo en Valencia de Fernando Acaso por un precio asequible a mi bolsillo (en esos momentos mi economía no era muy allá, la verdad, bueno, ni ahora). Me decidí por pagarlo antes de cambiar de opinión, precisamente por eso. Fueron 15 horas, un fin de semana intenso, lleno de emociones, nervios. Mi miedo escénico hacía que se me pusiera el corazón a mil cuando tenía que hablar para presentarme o cuando me señalaba Fernando el micro, insinuando que era mi turno de probar. Los primeros ensayos fueron catastróficos para la mayoría de nosotros, pero conforme nos daba unas clases, trucos, guiones, o como lo queráis llamar, y nos cedía una variedad de textos a "leer", nuestra habilidad crecía por momentos. El primer día fue una mezcla de teoría con práctica y conocernos entre nosotros. El segundo día, vimos un estudio (algunos, yo, por ejemplo, por primera vez en nuestra vida). Fue algo espectacular, esa sensación de estar donde tienes que estar, sentirte en casa. Allí grabamos "como profesionales" unos spots publicitarios y un par de documentales, cada uno de una categoría diferente. La verdad, fue uno de los mejores fines de semana de mi vida, una vivencia de lo más divertida y sensacional. Cuando salí de allí, decidí que quería dedicarme a ello. O, al menos, a intentarlo.
Las escuelas de Madrid y Barcelona tienen muchísimo que ofrecer. Emprendí un trabajo personal de búsqueda de información de la más rentable para mi disposición monetaria y la que más me gustara, claro. Pero es que, sin tapujos, todas me gustaban. Ya pensando en mi vida personal, me decanté por estudiarlo en mi ciudad natal, Alicante (¡¡resulta que hay una escuela de doblaje en Alicante!! ¡Weee!).
He tenido el placer de tener como profesores a Alfonso Laguna (John Heard en "Prision Break", Michael Wislow en "Loca academia de policía"), a Raquel Cubillo (Zuzanna Szadkowski en "Gossip Girl", Megan Fox en "Lo que me gusta de ti") y, al ya nombrado, Paxi (Martine Lawrence en "Dos polis rebeldes", Antonio Banderas en "La máscara del zorro"). Además, hemos tenido el placer de tener dos invitados que nos han hecho divertirnos y aprender cosas nuevas (en el doblaje, como en muchas otras profesiones, siempre se está aprendiendo). Iñaki Crespo (Jeffrey Dean Morgan en "The walking dead), que nos enseñó que se puede poner una voz diferente para 4 personajes en el mismo take y Antonio Esquivias (el actor secundario Bob de la serie que todos conocemos "Los Simpson" y, como no, Kelsey Grammer de "Frasier"), que nos explicó que no por tener una voz peculiar uno va a triunfar más o menos en este trabajo.
En fin, en menos de un año he vivido cosas que jamás pensaba que iba a vivir y espero seguir viviéndolas, valga la redundancia, porque lo que fue impensable al principio, ahora es mi motivación de cada día.
Encontrando mi futuro yo
domingo, 4 de junio de 2017
jueves, 1 de junio de 2017
Base justificada
Cantar, bailar, dibujar, pintar, hacer la payasa... todos hemos hecho alguna de estas actividades alguna vez en nuestra vida. Yo pensaba que era a lo que me quería dedicar, por eso estudié el bachillerato de artes escénicas. La vida es tan complicada...
Mi padre se dedicó a la construcción desde su juventud hasta que nací yo. Pero eso es algo que no se pierde. Mi madre siempre tuvo un "manitas" que nos arreglara o reformase algo en casa. Yo me crié con ese afán de cambiar las cosas a mejor, de reconstruir una vivienda para una mayor comodidad. Así que, cuando por fin terminé bachillerato (me costó sus años por una mezcla entre indecisiones y suspensos), decidí que quería estudiar arquitectura. Era la mezcla perfecta entre el arte, que tanto me llamaba la atención, y esa experiencia en mi casa con las reformas. Fracasé, la universidad no era lo mío. Me decanté por bajar un escalón, así que me saqué el Ciclo Formativo superior en proyectos de edificación (por fin podría dibujar). Fracasó. Ninguna empresa de construcción estaba tan sólida en Alicante en 2011 como para contratar gente sin experiencia.
En esos momentos piensas: Lo que me gusta y se me da bien, no está a mi alcance, ¿qué otras cosas podría estudiar, que no estén tan mal y tengan salida? Siempre se me han dado bien los idiomas y me encanta viajar. Me gustan los niños... Ya piensas en todo un abanico de posibilidades, en cada pequeña actividad que despierte algo en ti, lo que sea, por diminuto que fuera.
Decisión a corto plazo sin pensar en las consecuencias (me suele pasar): ¡¡Me voy a Alemania a ser Au-pair!! Allí puedo coger experiencia con los niños, con la casa, aprender un idioma nuevo, visitar mundo. En fin, una buena elección, aún soy joven, ¡qué leches!
Hoy en día no sería capaz de hablar ni la mitad de alemán que hablaba allí entonces. Pero algo aprendí. Nunca debes parecer tonta, te tomarán por tal y cuando saques tu inteligencia a relucir, te tacharán de una sarta de injurias que no voy a nombrar. Mi problema por entonces era que de buena, era inocente, y podría creerme la más simple mentirijilla de un pillo. En fin, ya pasó.
De vuelta a mi país. Que bonita es la vida y que poco la apreciamos. Volviendo de un viaje con un idioma nuevo, una cultura bastante respetable, una experiencia personal que me hizo cambiar (no sé si para bien o para mal), y muchas personas a las que añorar, pensé: ¡turismo! He ahí mi nueva vocación. Estudiar un ciclo superior de turismo (déjate de carreras, que bastante he corrido toda mi vida). Empecé en 2014, aún me queda el proyecto pendiente. Un año entero buscando trabajo en una condenada recepción (¡¡aunque sea de un motel!!) y no hay manera. ¿Cómo buscan exclusivamente gente con experiencia de más de 2 años? Si nunca se les da una oportunidad a las nuevas generaciones, ¿cómo llegarán a tener experiencia algún día? (¡!) Que alguien me lo explique...
En fin, a todo esto, cada verano desde 2008 hasta 2014 me encuentro trabajando en uno o varios locales de hostelería (ya sea bar, restaurante, cafetería, etc. self-service o a modo tradicional) para no cogerle dinero a mi madre. Hoy en día, es lo que me da de comer y lo que me hace poder tener una vida (aunque no incluya la social). ¿Qué puedo decir? Me gusta la gente, me gusta hablar idiomas, me gusta limpiar, me gusta cocinar... En fin, la hostelería tiene muchas cosas que me agradan y, sinceramente, cocinar debería ser conocido como el octavo arte. Aunque, espera un momento, si la comunicación es el mayor arte, arte suprema que engloba al resto y forma parte de todas las diferenciaciones, de tal manera que no es necesaria su mención (sacado de nuestra gran amiga Wikipedia), ¿por qué razón la cocina no lo es? Si la cocina tuviera vida y se enterase de esto, nos moriríamos de hambre.
El año pasado me harté de necedades y di el paso, el paso hacia el arte, lo que de verdad me fascina. Algo sencillo, pero divertido. Algo con lo que empezar, algo con lo que entrar en ese mundo singular, el séptimo arte. Me decanté por estudiar doblaje. Por desgracia, si quiero dedicarme a esto, deberé ser insistente y paciente, son muchos años de formación y otros tantos para llegar a hacer algo. Para entonces, la versión original rondará el país y todo habrá sido en vano.
Entonces, tenemos: Chica, 26 años, estudió construcción , turismo y doblaje, se dedica a la hostelería, sin rumbo, sin metas... Seguro que no soy la primera ni la última. El mundo no se acaba, encontraré mi vocación, y espero tener una base que la justifique.
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