jueves, 1 de junio de 2017

Base justificada

Cantar, bailar, dibujar, pintar, hacer la payasa... todos hemos hecho alguna de estas actividades alguna vez en nuestra vida. Yo pensaba que era a lo que me quería dedicar, por eso estudié el bachillerato de artes escénicas. La vida es tan complicada...

Mi padre se dedicó a la construcción desde su juventud hasta que nací yo. Pero eso es algo que no se pierde. Mi madre siempre tuvo un "manitas" que nos arreglara o reformase algo en casa. Yo me crié con ese afán de cambiar las cosas a mejor, de reconstruir una vivienda para una mayor comodidad. Así que, cuando por fin terminé bachillerato (me costó sus años por una mezcla entre indecisiones y suspensos), decidí que quería estudiar arquitectura. Era la mezcla perfecta entre el arte, que tanto me llamaba la atención, y esa experiencia en mi casa con las reformas. Fracasé, la universidad no era lo mío. Me decanté por bajar un escalón, así que me saqué el Ciclo Formativo superior en proyectos de edificación (por fin podría dibujar). Fracasó. Ninguna empresa de construcción estaba tan sólida en Alicante en 2011 como para contratar gente sin experiencia.

En esos momentos piensas: Lo que me gusta y se me da bien, no está a mi alcance, ¿qué otras cosas podría estudiar, que no estén tan mal y tengan salida? Siempre se me han dado bien los idiomas y me encanta viajar. Me gustan los niños... Ya piensas en todo un abanico de posibilidades, en cada pequeña actividad que despierte algo en ti, lo que sea, por diminuto que fuera.

Decisión a corto plazo sin pensar en las consecuencias (me suele pasar): ¡¡Me voy a Alemania a ser Au-pair!! Allí puedo coger experiencia con los niños, con la casa, aprender un idioma nuevo, visitar mundo. En fin, una buena elección, aún soy joven, ¡qué leches!

Hoy en día no sería capaz de hablar ni la mitad de alemán que hablaba allí entonces. Pero algo aprendí. Nunca debes parecer tonta, te tomarán por tal y cuando saques tu inteligencia a relucir, te tacharán de una sarta de injurias que no voy a nombrar. Mi problema por entonces era que de buena, era inocente, y podría creerme la más simple mentirijilla de un pillo. En fin, ya pasó.

De vuelta a mi país. Que bonita es la vida y que poco la apreciamos. Volviendo de un viaje con un idioma nuevo, una cultura bastante respetable, una experiencia personal que me hizo cambiar (no sé si para bien o para mal), y muchas personas a las que añorar, pensé: ¡turismo! He ahí mi nueva vocación. Estudiar un ciclo superior de turismo (déjate de carreras, que bastante he corrido toda mi vida). Empecé en 2014, aún me queda el proyecto pendiente. Un año entero buscando trabajo en una condenada recepción (¡¡aunque sea de un motel!!) y no hay manera. ¿Cómo buscan exclusivamente gente con experiencia de más de 2 años? Si nunca se les da una oportunidad a las nuevas generaciones, ¿cómo llegarán a tener experiencia algún día? (¡!) Que alguien me lo explique...

En fin, a todo esto, cada verano desde 2008 hasta 2014 me encuentro trabajando en uno o varios locales de hostelería (ya sea bar, restaurante, cafetería, etc. self-service o a modo tradicional) para no cogerle dinero a mi madre. Hoy en día, es lo que me da de comer y lo que me hace poder tener una vida (aunque no incluya la social). ¿Qué puedo decir? Me gusta la gente, me gusta hablar idiomas, me gusta limpiar, me gusta cocinar... En fin, la hostelería tiene muchas cosas que me agradan y, sinceramente, cocinar debería ser conocido como el octavo arte. Aunque, espera un momento, si la comunicación es el mayor arte, arte suprema que engloba al resto y forma parte de todas las diferenciaciones, de tal manera que no es necesaria su mención (sacado de nuestra gran amiga Wikipedia), ¿por qué razón la cocina no lo es? Si la cocina tuviera vida y se enterase de esto, nos moriríamos de hambre.

El año pasado me harté de necedades y di el paso, el paso hacia el arte, lo que de verdad me fascina. Algo sencillo, pero divertido. Algo con lo que empezar, algo con lo que entrar en ese mundo singular, el séptimo arte. Me decanté por estudiar doblaje. Por desgracia, si quiero dedicarme a esto, deberé ser insistente y paciente, son muchos años de formación y otros tantos para llegar a hacer algo. Para entonces, la versión original rondará el país y todo habrá sido en vano.


Entonces, tenemos: Chica, 26 años, estudió construcción , turismo y doblaje, se dedica a la hostelería, sin rumbo, sin metas... Seguro que no soy la primera ni la última. El mundo no se acaba, encontraré mi vocación, y espero tener una base que la justifique.

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